Porno vintage

Los amantes de la estética visual de antaño están de enhorabuena. El porno vintage vuelve a ser tendencia y cada día son más los tubers que recuperan cintas antiguas y las digitalizan para deleite de todos.

Por un lado, tenemos a los nostálgicos de otras épocas. Aquellas en las que el porno se alquilaba en una sala con cortinilla al fondo de los videoclubs de barrio ¡Ah, qué tiempos aquellos! Por el otro, las nuevas generaciones que sienten curiosidad por cómo fueron las primeras décadas de la pornografía en vídeo. Porque siempre es llamativo dar una vuelta por el pasado y rescatar las buenas prácticas de entonces, o simplemente comparar con las mejoras que la industria ha introducido en los últimos años.

¿Qué encontramos aquí? En general, en los 70 y los 80 la máxima era “donde hay pelo hay alegría”. Pelos sin complejos, lucimiento de matojos sin pudor ninguno, señores con bigotón, etc.

El ambiente siempre era alegre y festivo y se palpaba una manifiesta despreocupación o aceptación por el físico natural (lorzas, michelines, pecho natural, miembros viriles medianamente normales…) Vamos, poco o nada que ver con la estética imperante en el porno de hoy en día, donde priman los cuerpos pluscuamperfectos, operados, depilados al extremo y tatuados. Antes, la excelencia física no era una prioridad, ni se exigía a los actores ni el público la esperaba. También es cierto que los gustos y preferencias diferían ligeramente a los de hoy en día.

Sin embargo, si era importante mostrar picardía. Es decir, se trataba de transmitir un poco de falta de vergüenza, de laxa moral o de granujería. Las filias de todos los colores y para todos los gustos y los excesos más extravagantes y locos son un invento de hoy en día, antes existía poca variedad. Se puede decir que el porno vintage era comedido para lo que tenemos al alcance en nuestros días.